Canciones incluidas


Semanario (1992)
Otra vez heriste sin razón (1992)
Despedida (1990)
Canción de un ocaso (1978)
Eres tan niño (1990)
Legado (1990)
Sábado de madrugada (1990)
La luz desde el rincón (1991)
Yaya (1991)



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Semanario (1992)


El lunes volviste de ese viaje de negocios;
el martes todo había acabado entre tu y yo;
el miércoles me lo presentaste -yo encantado y él también-;
y así, sin anestesia, firmé la separación.

Un jueves te manché el vestido,
un viernes te invité a salir,
un sábado, sin tu permiso,
logré arrancarte un sí.

Un jueves te arrepentiste de haberte casado (conmigo),
un viernes gritaste "¡no quiero más niños!";
hoy es sábado, me encuentro desnudo;
mañana es domingo -seguro-, no quiero pensar, no quiero pensar.

Un lunes de noche nació el primero,
un martes otro llegó,
un miércoles fue la última
la que se sumó al follón.

(...1992)

Otra vez heriste sin razón (1992)

Escuchar o descargar el mp3 (La grabación está tomada de una cassette de 1993).


Otra vez heriste sin razón;
no hubo motivo ni provocación;
un golpe demostrativo de que el poder
acaba siempre abusando de él.

Fue duro sobrevivir bajo tu sol,
y el odio creció en el corazón;
pasó del padre al hijo como señal
de que todo lo que de ti vendría sería mal.

Pero el tiempo, ese tiempo traidor
-tu cómplice-, ¡qué bien les engañó!;
al cabo de los años no sabían ya muy bien
por qué existían, si por odio o para ser.

Y, en fin, cuando tu fin al fin llegó,
fue de chiste verles tristes, casi con dolor;
olvidaban que su odio hacia ti
nos dejó cojos para que te pudieras ir.

Quién diría que todo eso pasó
cuando miro y me devuelven la mirada sin temor;
pero que nadie olvide cada noche comprobar
la puerta que no se debe volver a abrir jamás.

(L.C.Crespo, 1992)

Despedida (1990)

Escuchar o descargar el mp3 (tomado de una cinta de 1990)

Salí de tu noche sin darme apenas cuenta;
sin darme cuenta apenas, se fue cerrando la puerta,
entré en el estorbo, entré en vía muerta;
salí de tu piel sin tiempo apenas.

Salí de tus miradas sin darme apenas tiempo;
sin darme tiempo apenas para mudarme de sueños;
sin tiempo a ausentarme, a cambiarme de celos;
sin tiempo para mí salí a este desierto.

Y sin embargo van pasando los meses
y aquí seguimos, viendo cómo crece
la distancia media
entre mi Luna y tu Tierra.

Salí de tu aliento sin darme casi pena;
sin darme pena casi, dándolo como cosa hecha;
que nunca bebí nada, que fuiste siempre ajena;
admití lo consumado y tiré de la cadena.

Y allí fueron los años perdidos,
papel higiénico, besos y cariños;
un remolino teñido
de azul, marrón y amarillo.

Salí de tu cobijo sin darme apenas miedo;
sin darme miedo apenas, dejé tus senos tiernos,
tus lomas queridas, el vello de tu cuerpo;
sin darme miedo apenas, quieres volverte recuerdo.

Y sin embargo cada noche te busco
y cada noche acabo solo en mi mundo,
donde no hay nada nuevo:
yo no he inventado el desconsuelo.

(Agosto 1990)

Canción de un ocaso (1978)


De pronto te das cuenta de que esa persona, tan importamte antes, ya no lo es.(Años más tarde Eric Capton hizo una adaptación preciosa de esta canción...)

Escuchar o descargar el mp3 (La grabación está tomada de una cassette de 1985).


A veces traté de comprenderle
pero no pude
y hoy ya ni lo intento;
pasé tanto tiempo así
que ya es como otro mueble
en esta casa demasiado grande,
vacía.
Le miro pero ya no le veo,

sólo le presiento por la noche.
Pero sé que está lejos,

muy lejos de la mano que le tiendo;
sus ojos miran
y no veo lo que ellos ven.
A veces traté de comprenderte,

pero no pude.
Buenas noches, amor.

(L.C.Crespo Aguirre, 27-02-1978

Eres tan niño (1990)

Escuchar o bajar el mp3. (La grabación está tomada de una cassette de 1993).



Dibujo de Marina











¡Eres tan niño! -y yo también-,
¡es tan difícil aprender!
-tú a mover el cuerpo y yo a entender
que te es tan difícil comprender-.

Por qué la luna
no baja si tu la llamas,
por qué el niño
de la fotografía no te habla.

¡Eres tan niño! -y yo también-,
¡queda aún tanto que aprender!.

Por qué te sonrío
y de repente te suelto una patada,
por qué de noche
tienes que dormir solo en tu cama.

¡Eres tan niño! -y yo también-,
¡queda aún tanto que aprender!.

Por qué no caigo al suelo
cada vez que me matas,
por qué no puedes ir
con tu triciclo por la calzada.

¡Eres tan niño! -y yo también-,
¡queda aún tanto que aprender!.

Por qué ahora, justo ahora,
hay que irse a casa;
por qué no puedes tirar
tierra al aire como si nada;
por qué no puedes orinar
por la ventana;
por qué no puedes
nada de nada;
por qué no puedes meter el dedo
en el ojo de tu hermana.

¡Eres tan niño! -y yo también-,
¡es tan difícil aprender!
-tú a mover el cuerpo y yo a entender
que te es tan difícil comprender-.

(L.Crespo Aguirre, 1990)

Legado (1990)

Quizá la última estrofa sea excesiva, pero el resto me gusta. (La grabación es de una cinta de 1993 por lo que la calidad no es muy buena. Disculpas.).

Escuchar o descargar el mp3

Te gusta la bronca perversa y sin razón,
romper con las reglas que un tío corto inventó;
te gusta viajar colgado (aunque sea en avión);
pero no, no puedes soportar una mala situación
con tu padre, tu madre y tu hermanita del corazón.

Te partes la cara con mucha tranquilidad,
provocas al tío borde y te encanta fastidiar
a los viejos, a los guardas y a ese vecino mamón;
pero no, no puedes soportar una mala situación
con tu amiga, tu amigo y su novia del corazón.

Te castigas el hígado a conciencia antes de ir a sobar;
tu estómago ya no te habla si no es para llorar;
detrás de una esquina emboscado está el traidor,
esperando que te llegue otra mala situación;
ese día sabrás lo que tienes por corazón.

Eres follonero sin desgana y sin maldad
y parece que sepas lo que opinan los demás;
si te ríes todos se enteran: tu risa es un cañón;
pero no, no te hace gracia una mala situación,
no te gusta que se sepa si te duele el corazón.

Escucha un buen consejo y no te dejes engañar,
que bajo la pintura esas uñas saben arañar;
ten en cuenta, chaval, que a la primera ocasión
te pondrán anilla como a un oso -¡vaya situación!-,
y o te casas o te casan y adiós al corazón;
siempre hay una que es distinta y esa será tu perdición.

(L.Camilo Crespo, 1990)

Sábado de madrugada (1990)

Una noche perdida en el tiempo y en el pensamiento. Una mujer buscando piso tras dejar a su marido por otro mucho más joven. Snap. Agua que no has de beber, déjala correr.

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Sábado de madrugada
resulta un buen momento
para andar sin paraguas,
para darse un paseo,
para vestirse de agua,
resbalar en el tiempo;
con un collar de palabras
asesinar desconsuelos,
ahondar en tu mirada,
conjurando el deseo
de buscar la mañana
por entre tus cabellos
y recorrer tu espalda
despacio, de beso en beso,
y perderse en andanzas,
como si aún fuéramos tiernos.

Domingo de mañana
resulta un buen momento
para decir hasta mañana
y soñar que te quiero,
saber que no tengo nada
y al salir mirar al cielo

(L.Camilo Crespo, Agosto 1990)

La luz desde el rincón (1991)

¿Existe el amor verdadero,la media naranja?. ¿O es el amor de la madre perdido el que buscamos?.

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Si estuvieras aquí nada habría que decir,
mirarte sin hablar, rozarte sin respirar;
si estuviera aquí, nada habría que pedir;
saberte encontrar, saberme entregar.
Si estuvieras aquí...pero no estás.

Si estuvieras aquí nada habría que esperar,
no habría que dudar, ya no habría otra verdad;
si estuvieras aquí dejaría al alma hablar;
de tan cerca mi mirar, no vería nada más.
Si estuvieras aquí...pero no estás.

Aún no estás y tal vez no estés
antes de mi último suspiro,
cuando la luz desde el rincón
desentierre del olvido
una canción.

Si estuvieras aquí tus sendas iría a andar,
tus colinas a escalar, tus grutas a socavar;
si estuvieras aquí sabría que eras tú,
aún sin poderlo explicar, ya no dudaría más.
Si estuvieras aquí...pero no estás.

Aún no estás y tal vez no estés
antes de mi último suspiro,
cuando la luz desde el rincón
desentierre del olvido
una canción.
(L.Camilo Crespo, Noviembre 1991)

Yaya (1991)

Muchas personas, antes de morir ven a sus parientes queridos ya fallecidos, los cuales vienen a buscarles. Tambíén aparece una luz blanca con ellos. Este fué el caso de mi abuela.

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En el rincón
veo una luz
que me dice que
no estoy sola;
que tú has venido
a acompañarme junto a ella
y que tú también
me esperas.


(L.Camilo Crespo, 1991)